Andrea Aguafría y los hermanos Pablo Naire y Miguel, del estudio Río Río: «Lo pudimos hacer todo precisamente porque éramos tres»
Llegaron de Madrid a finales de 2023 para abrir en Betanzos un estudio de cerámica, grabado, serigrafía y mosaico. A punto de cumplir tres años, en esta entrevista para BetanzosHoxe cuentan cómo descubrieron la ciudad gracias al CIEC, cómo arrancaron con el dinero del paro y qué cursos tienen este mes.
Andrea Aguafría y los hermanos Pablo Naire y Miguel abrieron en noviembre de 2023 el estudio Río Río, en el número 37 de la Rúa Marina de Betanzos. Andrea es de Madrid y los dos hermanos, de Alcalá de Henares. En el mismo local trabajan tres disciplinas: Andrea se dedica a la cerámica, Pablo al grabado y la serigrafía, y Miguel al mosaico. Además de su obra, el estudio organiza cursos todos los meses.
Una beca en el CIEC
Fue Pablo quien descubrió Betanzos. En enero de 2021, después de estudiar grabado en Madrid, llegó con una beca para hacer dos meses de xilografía en la Fundación CIEC, en plena pospandemia. «Había un montón de restricciones y no había ni los bares abiertos, pero aun así fue muy interesante encontrar el pueblo y la vida que tenía, los alrededores, los paisajes», recuerda. Ese verano volvió con Miguel y Andrea para enseñarles la ciudad.
Los dos años siguientes siguieron en Madrid. Andrea trabajaba en cerámica y los dos hermanos, en el aeropuerto. En 2023, cuando les iban a renovar el contrato y Andrea estaba «un poco quemada» en su trabajo, tomaron la decisión: «Fue como, venga, pues vamos a intentarlo ahora o igual no lo intentamos nunca», cuenta Pablo.
Aprovecharon los vuelos baratos del aeropuerto para venir un mes antes a buscar sitio. «Todavía fue muy fácil encontrar local y encontrar casa», explica. El local estaba vacío y hubo que montarlo entero. Por primera vez tenían un lugar propio para hacer su obra, que hasta entonces habían hecho en sus habitaciones o en una casa de la familia.
Tres oficios en un mismo espacio
Los tres se conocieron estudiando grabado en Madrid. Pablo nunca quiso hacer Bellas Artes: «Prefería aprender técnica, pero que no me influyera demasiado a la hora de decir lo que tenía que hacer». El grabado, dice, fue «una ventana» que le abrió otras técnicas, de la pintura al dibujo o la fotografía. Desde que llegó a Betanzos también hace azulejos, que le enseñó a hacer Andrea y que tienen mucho que ver con el grabado: «Tienes una especie de plancha en la que puedes estampar el barro y hacer ediciones». Una misma imagen, explica, puede variar mucho según los esmaltes y los barros.

Andrea llegó a la cerámica por el grabado. Hizo un año de Bellas Artes en Tenerife, volvió a Madrid para estudiar grabado y, para su proyecto final, entró por sorteo en la escuela municipal de cerámica de La Moncloa. Aprendió también en el taller de Concha, su maestra, y acabó dando clases en un estudio de Madrid. «Antes de venir, mi vida era todo cerámica», resume. Algunas de sus piezas más grandes, en los estantes del estudio, son de la serie «Artefactos de defensa»: vasijas que combinan el barro con mimbre, cuarzos, huesos y esparto, como si protegieran su boca de lo que pueda entrar.

Miguel se centra en el mosaico, que hace con Pablo desde 2016. En los primeros cursos del estudio, Andrea hacía el plato de cerámica y ellos el mosaico. «La unión es la fuerza. Si no hubiésemos estado los tres juntos, no hubiese sido posible», dice Miguel. Trabajar en el mismo espacio hace que las ideas pasen de unos a otros. Muchas cosas, explica, «fluyen así, de estar juntos».
«Si lo haces por dinero, estás bastante loco»
Arrancaron sin colchón. «Vinimos con muy poco dinero, con el dinero que teníamos del paro, los meses que nos duró el paro. Y lo pudimos hacer todo precisamente porque éramos tres y teníamos todas las cosas divididas», cuentan. Compartir gastos e inversiones entre tres es, dicen, lo que les ha permitido aguantar «los golpes».
Andrea lo resume así: «Llega un momento en la vida en el que es el momento de apostar por ti». Y defiende que trabajar por cuenta propia no es el camino fácil: «Yo sí que siento que es más complicado que tener un trabajo fijo, una rutina, unos horarios y alguien que te esté mandando lo que tienes que hacer, porque todo eso pasa a ser tu responsabilidad. Pero también te da cosas que no te da lo demás».
Los altibajos forman parte del oficio. Hay meses en los que los talleres se llenan y semanas en las que se apuntan cinco personas. Por eso, además del dinero, Andrea insiste en que hace falta «sostenerse emocionalmente». En los cursos les preguntan a menudo si viven de esto, una pregunta que, dicen, «no la haces en otros lados». Y matizan: «No vivimos de nuestra obra. Estamos en el proceso».
Tampoco animan a nadie a dejar su trabajo a la ligera. «Si alguien quiere meterse en el mundo este meramente por dinero, yo le ahorraría los disgustos», advierten. «Si tú sientes que quieres hacer eso y ves que hay una forma de hacerlo, que por lo menos lo intentes. Pero cada uno tome su camino».
Al amparo del CIEC
El CIEC, el Centro Internacional de la Estampa Contemporánea, sigue siendo su principal apoyo. «No solo se daban las circunstancias de que los alquileres fuesen más asequibles, sino que había una red artística y de gente con ganas de que esto saliese adelante», explican. No son los únicos. Ángel Arcay, director del Museo das Mariñas, los citaba en esta misma sección entre los talleres y espacios que están eligiendo Betanzos para vivir y trabajar.
Por el CIEC pasa gente de todo el mundo. Ahora mismo hay artistas de Taiwán y el año pasado los hubo de Marruecos, México, Argentina o Francia. «No sé si todo el pueblo es consciente de la cantidad de gente que viene de tantos sitios», señalan. A su alrededor se ha ido quedando gente que llegó por el centro: antiguos alumnos del máster, profesores y artistas de fuera que ahora tienen aquí su taller.
El CIEC también está detrás de una de sus herramientas clave, el tórculo, la prensa de grabado. Un profesor del centro, amigo suyo y del País Vasco, les ofreció uno que estaba en un edificio público de una escuela de arte cerrada desde 2019. «Solo tenéis que traerlo», les dijo. Lo trajeron con la furgoneta del CIEC. «Nos dio la opción de volver a hacer grabado en nuestro estudio, que era algo que no contemplábamos poder conseguir». Gracias a él nacieron los cursos de grabado del estudio.

Un horno de gas desde Alicante
El horno de cerámica lo compró Andrea por un anuncio en Alicante. Fueron a buscarlo ella y Pablo en furgoneta, ida y vuelta en el mismo día. Quería uno de gas porque «te permite jugar mucho más con la atmósfera del horno»: uno eléctrico cuece casi solo en oxidación, y el de gas permite quitarle oxígeno y conseguir «efectos bastante interesantes» con los barros y los esmaltes. El local ya tenía la instalación de gas y la campana extractora, y esa fue una de las razones por las que se quedaron con él.
Ponerlo a punto no fue sencillo. «Hay muy poca gente que te ayude, porque poca gente tiene un horno de gas», explica. Además de Concha, tuvo que recurrir a Manuel Keller, que construyó el horno y que la ayudó «un montón».

Un mosaico para los arqueólogos
En el patio, donde había una pared de ladrillo y cemento «bastante fea», hicieron este año entre los tres un mosaico con ellos mismos, dos gatos, el horno y el tórculo. Está lleno de guiños a estos años, del pirómetro del horno a las pruebas de esmaltes de Andrea. «Algún día nos tenemos que ir o lo que sea, para dejarlo ahí en la memoria. Queda ahí para los arqueólogos», bromean.

El mosaico también los está llevando fuera del estudio. Tienen en el taller las piezas de un mural de cinco metros y medio de alto con los escudos del antiguo Reino de Galicia para el parque que hay detrás de Correos, donde la Guardia Civil, en el que ahora hay uno pintado. El mosaico, explican, aguanta mejor el tiempo que la pintura. Está pendiente de colocar: «Las cosas de palacio van despacio».
Pasión, amor y resiliencia
Al final de la conversación, cada uno eligió una palabra para definir Río Río. Miguel se quedó con «pasión», Pablo con «amor» y Andrea con «resiliencia». Y echaron mano de la ría para explicar el momento del estudio: «Así está pasando con Río Río, que está ahí creciendo: el caudal, el afluente, nuestra obra individual y los proyectos que vamos a poder llevar a cabo».
Los cursos de octubre
El estudio publica cada mes en sus redes sociales los cursos que organiza. Estos son los de octubre, todos en el propio estudio (Rúa Marina, 37), de 10:00 a 14:00 y a 40 euros cada uno:
| Día | Curso | Horario | Imparte |
|---|---|---|---|
| Domingo 18 de octubre | Mosaico | 10:00 a 14:00 | Miguel |
| Sábado 24 de octubre | Grabado en linóleo | 10:00 a 14:00 | Pablo Naire |
| Domingo 25 de octubre | Serigrafía textil | 10:00 a 14:00 | Pablo Naire |
Además, en las clases de cerámica de Andrea quedan plazas los lunes de 17:00 a 19:00.
Entrevista a Andrea Aguafría, Pablo Naire y Miguel, del estudio Río Río, para BetanzosHoxe.
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